Si no quieren leer palabras sin sentido mejor ni sigan, si quieren reirse de mis ridiculeces denle viaje.No sé porque de algún modo tenemos metido en la cabeza que los cumpleaños son especiales, a fin de cuentas es un día más, un día en que conmemoramos el volvernos viejos y con suerte un poco mejores.
Sin embargo, las expectativas sobre los cumpleaños están ahí, en el inconsciente colectivo y en el personal, todos las tenemos y el que diga que no es un vil mentiroso. Los cumpleaños son una excusa para sentirnos especiales, recibir regalos y pasarla bien, después de todo el estar aquí y aprender a vivir, a crecer y a celebrar que llegamos es algo que debería valer la pena.
Pero....
La realidad suele diferir de lo que vemos en las películas, fiestas sorpresa donde tus amigos te esperan en la oscuridad, ramos de flores, llamadas y serenatas son a menudo demasiado. La verdad yo he aprendido a no esperar nada de eso, me conformo con tener un buen día y verdaderamente aprecio que la gente se acuerde de que es mi natalicio y que me felicite, después de todo no son muchos los que pueden decir historias tan interesantes como
esta sobre sus cumpleaños.
Después de tanta palabrería lo que quiero decir es que: Odio tener expectativas, porque no puedo evitarlas y el 80% de las veces las cosas no salen como yo quiero.
Puedo decir que mis cumpleaños del 1 al 14 fueron cumpleaños sin pena ni gloria, a excepción de las dos piñatas que me hicieron que fueron de lo más memorables. La primera a los tres años, me la celebraron mis hermanas con las ganancias de sus salidas a vender buñuelos y otras cosas que hacía mi abuela materna, fue una piñata sencilla con los vecinos y primos, pero me divertí montones y mis rodillas sucias en las fotos son la prueba de que arrastrarse rulez!
La segunda fue a los ocho años, con una horrenda piñata en forma de tortuga ninja, con hijos de amigos de mis padres y algunos conocidos míos (será que desde pequeña era medio antisocial?), como en todos los casos odie pasar a quebrar la piñata y pretender bailar, pero no negaré que me divertí horrores mirando a los demás, ni cuanto disfrute las canciones disparatadas de Mario Montenegro que llegó a cantar a mi fiesta por artificios de mi Padre.
En fin, continuando con mi veta antisocial a los quince le rogué a mi Madre que no me hiciera nada, porque en realidad no quería nada, sin embargo como toda Madre hizo lo que pudo para que ese día fuera especial y a decir verdad lo logró, tuve un pastel bonito un almuerzo con una carne asada que todavía recuerdo y lo mejor fue que contrario a mis deseos mi Madre invitó a mis mejores amigos y la pasamos bastante divertidos.
A partir de ahí las cosas fueron en declive, (les advierto, estoy a punto de volverme una whiner) para mi siguiente cumpleaños mi familia olvidó hasta bien entrada la tarde que ese día era mi cumple, como toda adolescente estaba de lo más ardida y obvio que no les dije hasta que lo recordaron, pasé amargada en la casa. Aunque al menos mis amigas de la escuela si lo recordaron.
Cuando cumplí 17, tenía las más altas expectativas de un día especial, para entonces tenía un novio de larga distancia que vivía en El Salvador y teníamos planeado vernos en Honduras ese día y pasar el fin de Semana juntos aprovechando que había un retiro espiritual, salí de madrugada de Managua, con mi mejor y más producido look a la espera de verlo en la tarde, resultado: me quedé como la novia de Tola, porque lo detuvieron en la frontera y llegó hasta el día siguiente mientras los amigos que fueron al retiro me veian con una mezcla de compadecimiento y burla.
Para que vean que no todo es malo los 18 fueron buenos, creo que todos deberían tener un cumpleaños número 18 muy bueno, después de todo te vuelves disque mayor de edad, tienes edad legal para beber (en mi país) estás en la Universidad y todo es diversión. Así que yo no me quejo, lo pasé feliz con mis amigas del Colegio y las de la Universidad.
Los 19 debieron ser buenos, los recibí en una discoteca con mis amigas, pero la celebración sólo duro un par de horas de esa madrugada, después se convirtio en uno de los cumpleaños más chafas que he tenido. Me la pasé toda la tarde haciendo una tarea de Finanzas a Corto Plazo, fui a mi casa nada más para almorzar y resulta que solo había sopa Maggi (sin papas ni leche, así con pura agua y ya) confieso que también regresé para recibir una llamada de larga distancia, del prójimo que por entonces me traía de cabeza (llamó y hasta me cantó el "happy" con sus amigos por el teléfono) luego me regresé a seguir estudiando.
Los 20 fueron otro super fiasco, mi pseudo novio estaba acá, según yo lo ibamos a pasar alegre con mis amigas, pero que va. A última hora me llamo para decir que llegaría tarde porque estaba cuidando la casa, lo peor del caso es que su casa estaba a 5 cuadras de la Pizzeria en la que estabamos celebrando, lo llamé cuatro veces y al final ya era muy tarde. Al menos lo pasé con mis amigas, las que nunca me fallan.
Como no quiero aburrirlos más les diré que del 20 al 25 han sido una mezcla de cosas buenas y cosas malas, el número 23 merece una mención especial porque después de todo fue mayormente bueno.
Hoy ha sido un cuasi buen día, con mucho trabajo, con una torta de leche que me regaló Chepe y escribir aquí en lugar de ir por ahí, pero la noche es joven y lo bueno es que siempre tendré el viernes para pretender que es mi cumpleaños y pasarla bien.
Gracias si leyeron hasta aquí, ya saben que a veces sólo queremos decir lo que se nos viene a la cabeza.